sábado, 19 de noviembre de 2011

EL BAÚL VOLADOR (Juego del punto de vista)


Seguimos adelante con el Baúl volador de Esperanza Ortega en nuestra segunda sesión del seminario de este curso. Seguimos de la mano del maestro Federico Martín Nebras y de nuevo, esta mañana lluviosa se adivina placentera, creativa, cargada de un montón de nuevos aprendizajes.
En esta ocasión nos adentramos en el Territorio del relato (página 80) El planteamiento de las actividades será realizarlas de manera individual y poner en común los resultados individuales, observando desde la construcción de los distintos textos hasta la originalidad de los personajes, el tiempo, el espacio y otras características de los distintos relatos.
Una vez centrados en el relato nos introducimos en el juego del punto de vista (página 82). Desde esta perspectiva Federico nos invita a tres propuestas distintas a lo largo de la mañana.
En la primera propuesta nos ofrece una situación que relata oralmente y de la que, sin perder ningún tipo de detalle, cada uno de nosotros tomamos nota:
Es verano, hace mucho calor y son las 3´30 de la tarde. Nos situamos en el barrio de Orcasitas dentro de un autobús, el autobús 144 que hace el trayecto Orcasitas-Sol. En el interior del autobús se encuentran dos adolescentes de 17 años. El autobús tiene conductor y cobrador.
 El muchacho acompaña, porque no tiene otra cosa que hacer, a la muchacha que va a una academia para estudiar mecanografía e inglés.
Cuando suben al autobús vacío, pagan su billete y permanecen durante todo el viaje en la plataforma trasera del autobús.
Desde el mismo instante que entran en el autobús entran en furores amorosos a pesar de los 40 grados que hace.
Todo esto lo contemplan el conductor y el cobrador, que llevan un mes soportando o disfrutando la situación.
En la 1ª parada sube: una MONJA que hace caridad en el barrio con una gran bolsa.
Siguiente parada: un MILITAR de altos grados y de altos vuelos vestido o disfrazado de uniforme.
Siguiente parada: una MADRE con una NIÑA de 9 años que van al centro a ver escaparates para comprar el vestido de comunión que tomará en Mayo.
Siguiente: unos MUCHACHOS de la misma edad que los amantes.
Siguiente: una VECINA de la muchacha.
Siguiente: unos OBREROS que tienen una hija exactamente igual que esa muchacha a la que confunden con su hija. En este grupo hay uno que tiene un hijo de la misma edad que el muchacho y lo confunde también.
En la siguiente parada sube: una mujer mayor, VIUDA que viene del cementerio de Carabanchel y teme haberse perdido.
La propuesta consiste en escoger a uno de los personajes que viajan en el interior del autobús y expresar en un relato cómo sería el  punto de vista del personaje que se ha escogido acerca de lo que siente y presencia dentro de ese autobús.
Aquí una muestra de los textos que resultaron de semejante experimento:

PUNTO DE VISTA DE LA MADRE QUE VA A COMPRAR EL VESTIDO DE COMUNIÓN CON SU HIJA DE NUEVE AÑOS.
Menos mal… Por fin llega el autobús. Mira que tarda, siempre igual, pasan las demás líneas y nosotras aquí esperando. Llevamos ya media hora y con este calor. ¡Se me va a desmayar la niña! Y encima se estaba empezando a poner pesada otra vez. Uff… ¡Qué sopor! ¡Qué calores!
¡Hija sube al autobús! No, no te vayas tan atrás, siéntate aquí delante que atrás te puedes marear y yo ando con un sofoco… No, no hagas eso, no pongas los pies sobre el asiento. Escucha: vamos al centro. Tenemos que ir comprándolo todo: el vestido, los lazos, las diademas, los zapatos, las flores… Todo tiene que estar listo. No puede faltar nada; no vayan a decir en la parroquia que somos una familia que no tiene cuatro duros.  
Imagínate con el vestido blanco con sus bordaditos, el cancán, las florecillas adornando el bajo... ¡Un ángel vas a parecer!  
Y además me han dicho que en la mercería de la plaza Pontejos… ¿Qué pasa hija? ¿Qué miras?  
¡Pero bueno! ¡Valgame dios! ¿Qué hacen esos dos ahí detrás? ¡Qué poco apropiado aquí en el autobús! Qué descaro. ¡Vergüenza debería darles! Mira como la agarra. Y delante de una monja. (se santigua). En mis tiempos mi padre me hubiese colgado la cara de una bofetada.
Hija mira para delante. No mires esas cosas que vas a hacer la comunión y es pecado. Mira para delante te he dicho. 
Uff que calor… Y encima ver a esos dos de ahí detrás… Como se nota que son jóvenes y no tienen tres niños chicos, una comunión a la vuelta de la esquina, las lavadoras, preparar el banquete para la familia, las compras, elegir los modelitos para la comunión, llevar a los niños al colegio, cuidar las macetas del balcón no vayan a decir las vecinas, ir a las reuniones del AMPA, ordenar los armarios, las reuniones de las mujeres de la parroquía, el trabajo…, y encima cuidar a mi Antonio y a la desagradecida de su madre. Si me llegan a decir a mi cuando era como esos dos todo lo que se me venía encima…
¡Hija, deja de mirar! Piensa lo que diría el padre Damián…
                   (Pilar Sáiz Peña)
PUNTO DE VISTA DE UN OBRERO
Y con los goterones de sudor, y que llevo toa la mañana frito en el curro entre la solana y el tonto los güevos del capataz.
Pues no subo al autobús y veo a mi peque dando el espectáculo a tos ¡Unas ganas de darle un sopapo! ¡De cogerla y llevarla pa la casa.! Yo to el día currando pa darles algo mejor y ella montando números y no de matemáticas. Que yo no pude ir a la escuela.
Luego veo que no es mi chiquilla, pero que bilis s e me puso. No se darán cuenta del cachondeo que llevan el conductor y el cobrador.
-¡Conductor que nos vas a chocar! Pero si no mira palante.
Menos mal que mis compañeros no dicen na.
Como comente algo el Curro de que la chiquilla está güena le reviento la nariz, tol día silbando a las guachas. Como él tiene un hijo y parece que él  no crece y se quiere parecer  pues mira cómo mira.
Y el estirao del miliko no pierde detalle ;no si aquí vamos a arder todos.
-¡Conductor dale al aire! ¡Que nos vamos a cocer!
Dice que lo tiene dao pues menuda calentura tenemos tos. Mira la monja mas colorá que un tejo.
Y estos chiquillos no se podrán estar quietos que nadie mira palante y tos patrás como si estuviera la tele encendía.
Desde luego tengo el cuerpo apaleao a ver si en la siguiente se baja alguien y me siento.
Menos mal que no hay mucho tráfico.
-¡Conductor mira pa la lante! ¡Que vamos más de dos! 
            (Llanos García Ramírez)

 
DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA JOVEN DE 17 AÑOS

Hoy, 14 de abril a las tres y media de la tarde, duermes en mi regazo tus primeros sueños de recién nacida. Eres una nueva María. María como tu abuela y como la abuela de tu abuela y como yo, tu madre. Todas, como tú, fruto consciente del amor.
Hoy, 14 del 4, a las tres y media de la tarde...144...La línea de autobús que cogíamos tu padre y yo. De Orcasitas a Sol… Ese es nuestro principio. Con 17 años recién cumplidos nos enamoramos absolutamente. Tu padre y yo supimos desde el primer momento que viviríamos juntos todas nuestras vidas.
144, jugábamos a sumar: la unidad uno, más cuatro la realización, cinco: el corazón, mas cuatro hacen nueve, el espíritu...Y como tres y tres son siete, viajábamos hasta el Sol bien juntos, fundiendo todo nuestro ser entre besos y abrazos, sintiendo también nuestra carne... nuestro espíritu mandaba y nos hacía cómplices del sueño primigenio.
De una de aquellas tardes, querida hija, tengo bien grabadas tres miradas. La de una monja que mientras cerraba y bajaba sus ojos con complicidad, sentía vergüenza. La de un joven con uniforme militar que mató a tu padre Jesús con la mirada … y la de una mujer enlutada, seguramente viuda, que al reconocerme, descansó aliviada su mirada, consciente de la viva existencia de las mujeres libres llamadas María.
                         (Benito Rubio)
PUNTO DE VISTA DE LA VIUDA

¡Madre del amor hermoso! ¿Qué querrá el señor con nosotros?
-         Buenas tardes –por decir algo- porque con la que está cayendo…
¿Este autobús me deja en algún sitio en el que pueda tener una combinación para Campamento?
Es que, mire usted, estas calores la dejan a una tonta, y, como bien decía mi difunto-que en Gloria esté- lo mejor es ponerse a la sombra ¡Ay, Manolo, qué razón tenías… a la sombrita, a la sombrita que te has quedao tú! Y yo… aquí solita, desamparada… Madre, ¡qué penita tan grande tengo! Que desde que el señor se lo llevó –que ya va para tres meses- ni un solo jueves le he faltado, que  aunque caigan chuzos de punta  la Cloti-servidora- le lleva sus flores y se está con él un ratito contándole sus cosas, igualito que cuando venía de trabajar y se sentaba en su sillón de orejas a mirar la tele, y a todo me decía que sí, que lo que yo dispusiera bien dispuesto estaba ¡Si es que era un santo. Bueno, trabajador. De lo que ya no queda-mejorando lo presente- ¡Y cómo me respetaba! ¡Que hasta la Noche de Bodas, que a mí me entró una cosa mala y me puse a devolver…! Luego, ya cuando me entoné ¡hala! ¡Ay!... igualito que esos dos de ahí, que, ¡Bendito sea el poder de Dios! ¿no les da vergüenza? Sobre todo a ella. Ella, ella… que es la que malmete al muchacho, que al fin y al cabo es hombre, y… como decía mi Manolo: “los hombres hacen nada más que lo que las mujeres quieren…!
¡Ay, virgencita! ¿Cómo me has hecho esto? Un palito sin sombra es lo que soy…
               (Modesta Moreno)


EL PUNTO DE VISTA DE UN MILITAR
¡Qué calor! ¡Maldito mes de agosto! ¡Maldito vehículo! ¡Maldito chófer que no me avisó de la avería con más tiempo!
Dispongo del tiempo justo para llegar al acto del coronel. He de acompañar a su esposa durante toda la celebración. Ana…
Habrá que ir con cuidado de no arrugar el traje. Iré de pie. No me acercaré a nadie. Podrían ensuciarme la chaqueta con un solo roce.
¡Qué vergüenza! ¡Qué desmedido! ¿Pero es que nadie va a llamarle la atención a ese par de desnaturalizados?
En plena calle… ¡Con el calor que hace! Mira, le ha puesto la manaza en el culo y ella… no se la retira. Si fuera mi hija… Mi hija jamás subiría en un autobús.
¡Dios mío! ¿Es que no funciona el aire? Voy a llegar al acto todo sudado. ¿Pero esos dos es que no van a parar?
-¡Eh, muchacho, un respeto! ¿No ves que el autobús está lleno de gente?
El muchacho no le escucha, sigue a lo suyo. La viuda clava los ojos en el militar y asiente con la cabeza, como dándole la razón. La monja clava la mirada en el suelo.
El militar está lleno de ira. De pronto el autobús frena y se detiene en una nueva parada. Ya queda poco para que finalice el trayecto. El hombre de los galones también detiene su mente y su pensamiento empieza a viajar en otra dirección…
Ana. Siempre acompañándote en cada acto. Siempre a tu lado como una sombra. La sombra de él…¡Daría tanto por poder besarte así! Con esa pasión, contra la barra inasible de un autobús urbano y repleto de este populacho. Ana… siempre a escondidas. Ana…
El autobús se para. Puerta del Sol. El militar tiene un cerco inmenso bajo cada una de sus axilas. Con rapidez, se coloca el primero junto a la escalera de bajada del autobús y desciende el primer escalón.
Se detiene. Mira hacia atrás y comenta con un gesto de rabia:
-¡Qué asco! ¡Qué vergüenza!
Se va.
     (Raquel Ramírez de Arellano)
Seguimos avanzando en el universo del relato y ponemos en contacto a través de Andersen y su obra La sombra y otros cuentos, con prólogo de Ana María Matute. Recordamos cómo Andersen relata los distintos puntos de vista de los objetos que rodean la escena.


Federico concreta la propuesta añadiendo datos que nos ayudan a situarnos en los diferentes objetos que podemos hallar dentro de un autobús: ¿Y el espejo  retrovisor? ¿Cómo vive? ¿Y los objetos? ¿Y el autobús? ¿Es nuevo, viejo, fatigado…? ¿Y el volante? ¿Y la máquina que expende billetes? ¿Y la plataforma? ¿Y los cristales? ¿Miran para adentro, para afuera? ¿Y los trajes de comunión ¡En Agosto! Las sillas. Las barras. Un abanico… ¿Qué otros objetos hay en el autobús? ¿Se sienten molestos los objetos?
La segunda propuesta nos sitúa en el punto de vista de los objetos. Cómo se sienten los objetos en la situación relatada, en el contexto anterior, cómo viven los objetos en función de aquello que pasa a su alrededor.
Algunos ejemplos de los resultados:

LA BOLSA DE LA MONJA
Esta  buena mujer no sabe lo que acaba de hacer. Se desplaza al Club del gourmet del Corte Inglés, me carga con paté de trufa con aroma a Sauvignon, panecillos biológicos integrales made in Germany, bombones artesanos  del convento de las Clarisas  de Valladolid –con punto de venta exclusivo en El Corte Inglés- champán francés y… no recuerdo qué más y va y me mete en este horno y con estas apreturas… que me han rozado los monos azules de los obreros, que se me han clavado las puntas de las estrellas de l militar, las rodillas de la niña esa que ha hecho amago de venirse hacia delante pero que, al final, se vuelve a la parte de atrás y hasta las piernas con medias negras de la señora mayor con cara de pena y pañuelo en mano, que una media, creo yo que se ha quedado un poco dorada y todo con la purpurina que me recubre y me identifica entre las bolsas más distinguidas de  Madrid.
                (Modesta Moreno)
EL NÚMERO DEL MEDIO
Soy el número del medio, el 4. Y tengo un compañero a mi izquierda que piensa y cuenta como yo; estamos en todo de acuerdo.
El compañero de mi derecha cuenta menos, es más reservado y su ángulo un poco obtuso.
Yo por estar en medio tengo mejor panorámica. Contemplo la calle entera, alegre de mi trabajo soy número y nombrado por todos los humanos.
A estas horas estoy que ardo y esta temperatura me hace ver espejismos.
U hablando de espejismos, desde el espejo retrovisor  de la izquierda y de la derecha contemplo el interior del autobús al que doy nombre.
Y a estas horas los asientos están cansados de descansar y las barras de sujetar.
Los más contentos parecen esos muchachos del fondo que suenan a arrullos  y se refrescan en el incendio.
Yo les narro al 1 y al4 lo que pasa en el interior, pues ellos lo ven sesgado. Yo por estar en el medio contemplo el autobús entero. Y por cierto me pregunto qué llevará la monja dentro de esa bolsa que se mueve tanto en su interior y que es tan grande.
Por cierto las estrellas que están en el traje de ese señor son opacas y no brillan.
Los ojos de esos muchachos, esos sí que están llenos de luz.
      (Llanos García Ramírez)

EL PUNTO DE VISTA DEL AUTOBÚS

En verano calor, en invierno frío
y entre tanto: paseo y río.
¡Cuánto calor y cuánta sequía
llevan las ruedas mías!
¡Ay! ¡Qué de pasaje!
hasta una monja llevo en mi equipaje.
Un militar, un obrero,
¡qué muchacheo!,
¡no te subas vieja que te mareo!
No soy de grandes viajes
pero te llevo el “maletaje”.
Unos muchachos muy bien amados
van en mi auto, enamorados.
(Manuel Alcántara Picazo)
EL BOTÓN DE PARADA DEL AUTOBÚS
Míralos. Ya llegan. No han vuelto a acercarse por este lugar desde aquel día. Llevaba casi un mes esperándolos. Pensaba que nunca se acercarían por aquí. Había recorrido cada espacio del autobús. Es verdad. Yo no me encuentro en la zona más accesible, pero tuve suerte. Sólo quedaba ese asiento libre y rápidamente se acomodó. Ella se sentó sobre sus piernas y en tres segundos comenzaba el reguero de abrazos, los besos apasionados, las manos, al principio furtivas, luego no tanto. Subiendo y bajando.
Después de unos minutos de haberse iniciado la guerra, ella se recostó un poco sobre la pared. Nunca la había tenido tan cerca. Su pelo olía a champú de vainilla, su cuello a perfume mezclado con sudor. Hacía mucho calor, tanto que se derretía el tiempo.
Las manos de él no dejaban de entrar y salir por el borde de aquella camiseta ¡Qué celos! Sin embargo debía considerarme afortunado pues nunca la había tenido tan cerca.
La espalda de Sara cubría por completo aquella parte de la pared del autobús. Un centímetro escaso la separaba de mí.
El autobús frenó en seco y de pronto el estruendo de una sirena lo llenó todo. Un ruido ensordecedor paralizó el instante que tanto tiempo había estado esperando: La caricia de Sara. Su espalda apretando mi cuerpo rojo, de plástico, inanimado.
Todo el autobús se revolucionó. El conductor abrió de inmediato las puertas y todos los viajeros descendieron del vehículo alarmados.
Creo que sólo Sara fue consciente de los fluidos que desprendía mi cuerpo tras su leve caricia.
Fue la última y la única vez que la he tocado. Desde entonces, me conformo con contemplar su figura retorciéndose de gozo entre los brazos distraídos de su amante. Desde entonces me conformo con contemplarla desde mi quietud redonda y roja.
    (Raquel Ramírez de Arellano)
Poco a poco la mañana llegaba a su fin. Las propuestas habían sido maravillosas y los resultados: poéticos, graciosos, extravagantes, surrealistas, alucinantes, cómicos…
Todavía faltaba por llegar la tercera propuesta. Teníamos que volver al indicio de la mañana para recuperar la perspectiva del personaje que escogimos en el primer texto y elaborar un nuevo relato centrándonos ahora en una perspectiva del lenguaje. A saber:
TEXTO: Geométrico – Aritmético.
TEXTO: Exclamativo – Onomatopéyico.
TEXTO: Preposicional (Matiz locativo).
TEXTO: Musical
TEXTO: Geográfico.
TEXTO: Filosófico.
Y así de este modo se reescriben los textos.
TEXTO DE UN OBRERO FILOSÓFICO
Con 487 grados Fahrenheit sobre mi epidermis y la imposibilidad de discutir con el capataz sobre el método en la construcción, tengo un humor cínico.
Subo al autobús y vislumbro a mi pupila. Y con ganas de darle una lección sobre los estoicos, observo de manera socrática que es la hija de otro, el otro, lo otro, ese es un gran dilema, y ser o no ser… Es mejor que mi hija no sea, me digo.
El conductor no observa la mecánica de inercia que tiene este objeto llamado autobús, y ante la posibilidad de un encuentro fortuito con otro objeto pienso luego existo que si no mira al frente podríamos colisionar.
Si mi compañero diserta, yo a palabras necias oídos sordos. Que parece que tenga el síndrome de Peter Pan.
   (Llanos García Ramírez)
UN MILITAR DESDE UN PUNTO DE VISTA FILOSÓFICO

¡Qué calor! Acabo de descender a la fogosa caverna donde Platón iniciara su diálogo con el mundo.
El tiempo, el paso del tiempo, el tiempo del hombre como tema recurrente en el pensamiento de cada pensador, a lo largo de los siglos…
Llegaré al acto del coronel, he de acompañar a su esposa durante toda la celebración. Ana… amor platónico, amor carnal en la huída constante, cuando la mente en su conversación con el cuerpo se evade. La mente… el cuerpo…
¡Qué vergüenza! ¡Qué desmedido! ¿Pero es que nadie va a llamar la atención a ese par de desnaturalizados? ¡Qué instinto animal! ¿Dónde queda el intelecto? Enorme discusión, constante, entre los deseos del cuerpo y la esencia, el alma ¡Si Santo Tomás levantara la cabeza!
El muchacho, por supuesto, no escucha sus pensamientos y continúa dándole placer al cuerpo. La viuda clava los ojos en el militar y asiente. La monja: ¿el pensamiento o el sentimiento?... Unamuno.
El militar está lleno de ira: ¡Fuera marxistas! Su pensamiento transforma el platonismo en amor carnal por Ana, Ana…
    (Raquel Ramírez de Arellano)
Una mañana, al fin, plagada de gotas de lluvia, llena de diferentes perspectivas. En los bolsillos: una manera nueva de enseñar, de ver el mundo. En los cuadernos un montón de referencias bibliográficas, de lecturas interesantes, de conocimientos nuevos en los que seguir indagando. Gracias, maestro. Gracias Esperanza Ortega.
Para terminar os invitamos a escuchar a Esperanza recitando versos.