lunes, 3 de diciembre de 2012

HOMENAJE A AGUSTÍN GARCÍA CALVO Y ¡AY FILOMENA, FILOMENA! DE MIQUEL OBIOLS

 
 
El pasado sábado el frío se colaba por las rendijas de las almas de aquellos que habían decidido reunirse de nuevo en la Biblioteca de Acción Educativa: maestras, maestros, profesores, profesoras. Digo que el frío reinaba hasta que Federico Martín Nebras abrió los ojos azul océano por debajo de la visera de su gorra azul de marinero, recuerdo de Rafael Alberti, que corona lo alto de su cabeza.
Federico abría la mañana desde una narración autobiográfica:
1964, recién asesinado Kennedy; al atardecer en la calle del desengaño lo conocí. Yo ya sabía que él era a la persona que quería conocer y no a otra. Yo acababa de leer "El extranjero" de Camus y "La náusea".
Federico nunca deja de ofrecerte el título de un libro.
Casualmente hace unos días yo había paseado por los pasillos de una conocida librería y al llegar a la estantería del género lírico me habían sorprendido las obras completas de ese personaje del que nos estaba hablando Federico. Meses antes, era muy difícil hallar las obras de este autor. Pensé: "uno tiene que morirse para empezar a vivir" y con un nudo en el estómago y tres centímetros de pena abandoné el local.
Hoy Federico, contaba en primera persona algunas vivencias junto a este autor.
 
Había en la calle del desengaño, en un número de un portal, en el 4º izquierda un profesor al que habían echado de la universidad: Agustín García Calvo. Yo subí a aquel piso junto a otros estudiantes de la época, entre ellos Leopoldo Mª Panero. Nada más entrar Agustín soltó una arenga sobre la pedagogía, aludiendo a que esta materia, la de la pedagogía conduce al naufragio. La alternativa a la pedagogía era la paideia, el instante, el arte de mirar y de decir; la única manera posible de matar al tiempo. La pedagogía era por tanto el arte falso que siempre trabaja para el futuro, es decir: "para que el día de mañana..." un falso deseo. La escuela trabajaba para el deseo de la expectativa. Nos habló de su único maestro: Sócrates, el único que miró hacia el instante, el aquí.
Sócrates no tiene academia, trabaja el instante, en la calle, en lo diario.
Agustín García Calvo solía decirnos que la muerte no existeué, sólo existe el miedo a ella: Sólo podía morirse Agustín el dia de difuntos.
Antes de marcharnos de su piso en aquel encuentro nos dijo: "Se sabe cuanto se olvida, porque  una  y una son dos y dos y una ninguna"
El relato de Federico comenzaba con un homenaje a su maestro, al recién desaparecido Agustín García Calvo En su narración nos condujo a todos, a través de sus palabras, como casi siempre, como siempre, a una época cercana: los años 60 y 70, pero también a Sol y el origen del 15-M, a las plazas que solía frecuentar su maestro convencido de que el único cambio social solo podía generarlo la gente de la calle.
Federico: porque tú escuchaste a tu maestro, nosotros te escuchamos a tí. Te queremos como tú le quieres a él.
Tras los sentidos recuerdos nos pusimos "manos a la obra" con el estudio de la obra ¡Ay Filomena, Filomena! de Miquel Obiols. Miquel Obiols tiene una página web (en construcción) con la imagen de una extraña mujer de cuya boca se escapan como foragidas las letras. Esta situación nos pone sobre aviso de que nos encontramos ante un extraño personaje.
 
 
 
Este libro acaba de ser reeditado por la editorial Kalandraka e ilustrado por Miguel Calatayud.
Esta obra fue editada en 1977 por primera vez por la editorial Juventud. Miquel Obiols nace en Gerona y estudió Filosofía en Barcelona. Tuvo como compañero literario a Emilio Teixedor.
Fue maestro de niños de 4º y 5º de Primaria y formó parte activa de un Seminario de literatura catalán  que contó con Gianni Rodari.
Filomena nos hace volver la vista hacia aquellas niñas especiales que han surgido a lo largo y ancho de la literatura infantil y depositamos la mirada en Alicia; es una niña que tiene todo su poder en el arte de hablar. En España la referencia a este tipo de personaje sería Celia de Elena Fotún, en Europa Pipa Calzaslargas y finalmente Matilda. Todas coinciden en lo mismo, no importa lo que estas niñas hacen como personajes, importa lo que dicen, igual que en el caso de Filomena.
¡Ay Filomena, Filomena! es sobre todo un libro de cabecera para los especialistas de literatura infantil y juvenil además de una gran aportación a la literatura de vanguardias.
Filomena es una niña que juega a transformar el lenguaje. Crea su propio mundo a través de la dislocación del lenguaje, un mundo contrario a aquel en el que vive.
Vanguardista como Breton, Filomena sabe como él que la libertad es una sagrada palabra que debiera estar guardada en una urna de cristal.
En el libro encontramos otros cuentos de título rodariano como "¡La tierra está en las nubes!", tan rodariano que representa un binomio fantástico. Es un texto plagado de caligramas con reminiscencias de Apollinaire y su literatura de vanguardia. También es importante en este cuento el empleo de la onomatopeya. Hallamos a un autor que desea experimentar.
El cuento de nunca acabar nos supone no tanto un acierto para el mundo del niño como para el mundo de los adultos, con reminiscencias del gran Oulipo. Buen plateamiento para generar ejercicios de escritura.
Todos estuvimos de acuerdo en la fuerza del cuento titulado ¿Quién quiere cambiar de cabeza? Ya el propio título ofrece una hipótesis kafkiana: salgo de mí y me pongo la cabeza de los demás. Así me hago más ético. La fábula está bien escrita pues genera el misterio desde el principio de la narración: un forastero que aparece y desaparece. Un lenguaje que se ve y no se oye. Palabras de colores. Es un cuento de carnaval con un lenguaje preverbal y postverbal.
La mesa del Rastro es un cuento homenaje a Ramón Gómez de la Serna aunque al verdadero personaje que esconde es a Antoniorrobles autor de los Cuentos de las cosas que hablan.
Excepto en el cuento de Filomena, en el resto sitúa al lector ante situaciones, palabras, no ante personajes. A partir del siglo XX el que manda ya no es el perosonaje, sino el lenguaje, por ejemplo Rayuela de Cortázar.
Este libro debiera estar en todas las escuelas del mundo para enseñar a los niños a jugar con el lenguaje desde la vanguardia.
 
Y... para no perder la costumbre de mirar a los personajes de este evento... ahí van unas fotografías.