domingo, 24 de noviembre de 2013

CHARLES KINSGLEY Y ANA MARÍA MATUTE CON LOS NIÑOS. TALLER DE CREACIÓN LITERARIA.



Estrenamos el otoño de noviembre. La Escuela pública sigue amenazada por el gobierno, la sanidad pública sigue amenazada por el gobierno. Los niños, apretujados en las escuelas. Los enfermos, en los pasillos de los hospitales. Los maestros, los profesores, pensamos en ofrecer sándalo en forma de libros, en forma de poemas, en forma de juegos de palabras... Los médicos siguen sonriendo a los órganos del desconcierto antes de meter el bisturí.
Aquí estamos de nuevo, de la mano de Federico, Federico Martín Nebras. Federico Martín que saca pompas de sabiduría de su vieja maleta, que saca píldoras de conocimiento del fondo de sus bolsillos y las ofrece para que lleguen a los niños.
El niño y su tratamiento serán el motivo de nuestro encuentro este 9 de noviembre en el Seminario de Literatura Ana Pelegrín. Los niños del agua de Kingsley y Los niños tontos de Ana Mª Matute han sido nuestro último objeto de lectura y por tanto nuestro último objeto de trabajo.
La perspectiva del estudio de ambos libros será el tratamiento del niño en ambas obras así como el influjo de la sociedad y el momento histórico en ambos autores de cara a explicarnos el por qué del enfoque de ambos textos.

 
La  novela, presentada como un cuento que un padre le cuenta a su hijo (probablemente el mismo Kingsley a su hijo) Los Niños del Agua presenta a Tom un joven deshollinador explotado por su patrón, que cae por la chimenea de una casa de campo a donde ha sido llevado a trabajar. El accidente provoca un enorme revuelo y Tom huye hacia un estanque en el que, aparentemente, se ahoga. Pero no muere y se transforma en un niño del agua, que deberá madurar con la ayuda de las hadas y las criaturas marinas, hasta convertirse en un nuevo ser más libre y responsable.
Kingsley denuncia el trabajo y el maltrato al que estaban sometidos muchos niños, como la sociedad se desentendía de ellos abandonándolos a su propia suerte o dejándolos en manos de amos sin escrúpulos.
Estos los explotaban para los trabajos más peligrosos y descargaban en ellos,  en forma de palizas y maltrato psicológico, su ignorancia, sus problemas con el alcohol y su amargura con una sociedad que perpetuaba las diferencias sociales y le daba pocas oportunidades a los que estaban más abajo en la escala social. Los niños, los más débiles, eran los más expuestos a esa violencia social, que hipócritamente todos despreciaban pero hacían poco por erradicar.
Y entre esos pocos estaba Charles Kingsley, profesor universitario,

naturalista, ensayista, novelista, poeta y uno de los grandes reformadores sociales del siglo XIX, muchas veces olvidado en las reseñas victorianas, pero cuya labor fue realmente importante y apreciada en su época. De origen adinerado, curso estudios en el elitista King’s College y abandonó su idea de dedicarse a la abogacía para tomar los votos sacerdotales. Su determinación y obra social le llevó a ser uno de los personajes más destacados de la sociedad victoriana, convirtiéndose en capellán de la Reina Victoria y tutor de su hijo y futuro rey Eduardo.

En 1860 fue nombrado profesor de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge y cofundó el Movimiento Socialista Cristiano con John Ludlow y Frederick Denison Maurice, desde el que, a pesar de las polémicas con otros movimientos religiosos, intento reformar la sociedad desde varios frentes.

Su activa presencia social provocó que, además de impartir clases de historia desde las aulas de la universidad de Cambridge, fundara la Sociedad de Ciencias Naturales, Literatura y Arte y fuera presidente del Birmingham and Midland Institute, desde donde polemizó sobre las nuevas teorías políticas, sociales y artísticas.


Además Charles Kingsley nos dejó una interesante obra literaria en forma de ensayo, poemas y novelas, entre las que destacan Hypatia de Alejandría y la que nos ocupa The Water-Babies.



 
El caso de Ana Mª Matute que aunque catalana siempre ha escrito en castellano porque siempre ha estado ligada al pueblecito Riojano donde nació su madre y en el que pasaba largas temporadas. Ana Mª, aunque burguesa, aprendió a hablar de la mano de una de sus criadas, castellanas. Después, en Cataluña va a clase con las monjas donde sufre mucho. Se trataba de una niña grande, algo desaliñada, que tartamudeaba. Su vida comienza en la marginación de la niñez pues se siente siempre cuestionada. En este aspecto podemos relacionarla con escritores como Lewis Carroll o Andersen.
En la Edición de Media Vaca de su libro Niños tontos, Ana Mª Matute se empeña en que hagan un cartel que diga "Esto no es un libro para niños". Es una literatura de prosa poética en el que la falsedad, la falsa inocencia de los niños, la soledad, sus defectos... son constantemente evidenciados.
En principio los cuentos se publicaban eran publicados en revistas y luego se reunieron en el volumen.
La llegada de la guerra, supuso para Ana Mª Matute la posibilidad de muchos días sin escuela en los cuales podía hacer lo que ella quería y al placer de disfrutar como niña de su tiempo, recurre Ana Mª para plasmarlo de manera autobiográfica en sus cuentos y novelas.
El libro Los niños tontos tiene grandes momentos expresionistas y rasgos crueles que recuerda a Pelo de zanahoria de Renard.
Llaman la atención algunos capítulos como el  titulado "El niño que no sabía jugar" en el que no encontramos moralina, porque en él se representan conductas que se tienen en el mundo actual, generando como una especie de compasión por el lector:
Había un niño que no sabía jugar. La madre le miraba desde la ventana ir y venir por los caminillos de tierra, con las manos quietas como caídas a los dos lados del cuerpo. Al niño, los colores de juguetes chillones, la pelota tan redonda,, y los camiones con sus ruedecillas, no le gustaban.
Los miraba y los tocaba, luego se iba al jardín, a la tierra sin techo, con sus manitas pálidas y no muy limpias, pendientes junto al pueblo como dos extrañas campanitas mudas. La madre miraba inquieta al niño, que iba y venía como una sombra entre los ojos. "Si al niño le gustara jugar yo no tendría frío mirándole ir y venir". Pero el padre decía con alegría: "No sabe jugar, no es un niño corriente. Es un niño que piensa"
Un día la madre se abrigó y siguió al niño, bajo la lluvia, escondiéndose entre los árboles. Cuando el niño llegó al borde del estanque, se agachó, buscó grillos, gusanos, crías de rana y lombrices. Iba metiéndolos en una caja. Luego se sentó en el suelo, y uno a uno los sacaba. Con sus uñitas sucias, casi negras, hacía un leve ruidito, ¡crac!, y les segaba la cabeza.

A continuación, tras un café reconfortante nos adentramos en un tiempo de escritura, probamos los manjares que más tarde daremos de comer a nuestros alumnos y alumnas en las distintas escuelas. Manjares que son juegos, juegos que son palabras...
TALLER DE ESCRITURA SOBRE EL DICCIONARIO
1. Ofrecemos a los niños y niñas la posibilidad  de crear un diccionario fantástico, para ello inventamos una palabra para introducirla o cogemos palabras que se desconocen para darlas a conocer a los alumnos.
Por ejemplo, la palabra "OOLITO"
 
OOLITO: sustantivo. Especie vegetal que puebla los lugares donde viven los ogros, los elfos y los trasgos. Es pequeño, mínimo, con forma de estrella, de muchos y variados colores. Tiene luz propia, los hay con una luz intensa y también con un pequeño reflejo. Aparecen en la mente de los niños cuando creen en los cuentos que leen.
(Pura Pascual)
OOLITO: (Del gr. ὀων,  huevo y   λίθος)) m. Dícese del resultado obtenido de someter al huevo, comunmente de gallina, a la acción del agua en ebullición durante un tiempo que oscila entre los cinco a ocho minutos. Vulg. huevo duro.
(Modesta Moreno)
OOLITO: voz que se emite por efecto de una sorpresa. Las hay de diferente tamaño y longitud,
según la causa que la origina.
 
(Paulino Conejero)
 
OOLITO: Sustantivo. Dícese de las pequeñas partículas que se desprenden de las canteras de Oolia. El Oolito es blanco y de tamaño microscópico. Su textura es rugosa y áspera. Llama la atención su intenso aroma a heno, debido al cual se ha generado una inmensa masificación de conejos en la zona septentrional de Oolia.
 
(Raquel Ramírez)
 
 
FIFIRICHES: sustantivo. Dícese de un dulce propio de los países nórdicos. Se elabora con besos, abrazos y palabras dulces. Es sabroso, reconfortante y cálido. Su sabor es diferente según el estado de ánimo del que lo come.
(Pura Pascual)
FIFIRICHE: Planta de la familia de las fifilionáceas de tallo fino, hojas afiladas y fruto de pulpa exquisita aunque recubierta de piel con afiladas púas.
(Modesta Moreno)
FIFIRICHE: delgada torta, prima hermana de foforoche, hecha a base de fina harina.
 
(Paulino Conejero)
 
FIFIRICHES: Sustantivo, fem. Dícese de las sabandijas acuáticas que habitan en el mar Adriático. Escurridizos y cóncavos, son muy apreciados en las piscifactorías irlandesas y sirven como alimentos para las ocas de mediano tamaño.
(Raquel Ramírez de Arellano)
 
2. Otros juegos con el Diccionario a partir de las siguientes palabras: ZAR, ZARABANDA, ZARAJO, ZARANDAJA, ZARIGÜELLA y ZARAGOZÍ.
 
 
Me encontré con un zar
Zar que pasaba por la zarabanda
Zarabanda que quería un zaragato
Zaragato de 1º y zarajo de 2º
Zarajo con ajo y con zarandajo
Zarandajo con conejo y con zarigüella
Zarigüella que vendían en zaragozí.
(Pura Pascual)
 
 
 
-¿Te encontraste con  el zar?
-¡Qué va,está loco de atar!
 
-Como me gusta bailar zarabanda
siempre me pongo bufanda.
 
-Qué manía siempre con la zaragata
-Y a ti,qué...¡como me quite la alpargata...!
 
ANTE
¿Te anteencontraste con el antezar?
¡Qué antevá, si antestá anteloco de anteatar!
 
-Cómo me antegusta antebailar antezarabanda
siempre me entepongo la antebufanda.
 
¡Qué antemanía, siempre con la antezaragata!
Y a ti, antequé..¡.como me antequite la antealpargata!
(Modesta Moreno)
 
Vi a mi primo el zar,
zar ataviado de zarabanda,
zarabanda rayada de zaragata,
zaragata enrollada en un zarajo,
zarajo que se comió una zarigüeya,
zarigüeya que vivía en zaragocí
 
Vi a mi primo el emperador de Rusia y rey de Bulgaria
ataviado de una danza picaresca que se bailaba en España en los siglos XVI y XVII
rayada de una bulla o jaleo de gentes
enrollada en una trenza hecha de tripa de cordero
que se comió un mamífero marsupial propio de América
que vivía en una ciruela zaragozana.
(Paulino Conejero)
 
Y hasta aquí estuvimos jugando y como muestra del juego y por no perder la costumbre os dejo unas fotografías que atestiguan el encuentro.





 
Nuestro próximo encuentro tendrá lugar en la sede de Acción Educativa el 14 de diciembre a las 10´00h. Ese sábado trabajaremos la obra de Jesús Carrasco, Intemperie. El cuento de Miguel Delibes La mortaja, los primeros capítulos de Pippi Calzaslargas y no debemos olvidar llevar un poema de Luis Cernuda de La realidad o el deseo.
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 29 de septiembre de 2013

BIBLIOTECA DE CUERDAS Y NUDOS DE JOSÉ ANTONIO PORTILLO


 
El Pasado sábado 28 de septiembre iniciábamos nuestro curso escolar en el seminario acudiendo a una actividad muy especial que tenía lugar en la Biblioteca José Hierro del barrio de Usera, muy cerca de la sede de Acción Educativa donde nos reunimos el Seminario de Literatura Ana Pelegrín para desarrollar nuestra labor.

La pequeña biblioteca de Juan Antonio Portillo fue un auténtico descubrimiento de recursos escolares enfocados a la creación literaria y plástica, recursos generados por muchachos y muchachas de infantil, primaria y secundaria que seguían la pauta de este maravilloso autor y maestro que recorre el mundo mostrando esta peculiar biblioteca.

La biblioteca es una obra de arte en sí misma y la entrada desprende un halo de misterio difícil de explicar si no la visitas. Algunos de los comentarios de las compañeras y compañeros del Seminario eran: “Qué misteriosa” o “parece la biblioteca de Alejandría”

El lugar, poco después, se convierte en un espacio destinado al arte de la narración, pues el creador, Jose Antonio Portillo establece un diálogo constante, a veces delirante con las niñas y y niños que allí acuden, con los adultos que allí entramos a espiar.

La sesión se inició con la explicación del nombre que el creador de la misma ha utilizado para denominar tan extraño espacio: biblioteca de cuerdas y nudos porque muchos de los manuscritos que allí se encuentran sin publicar han sido creados por niñas y niños que atan objetos a una pequeña cuerda y que lo explican apoyándose en un relato que ellos mismos han creado.

JOSÉ ANTONIO PORTILLO nace en Burgos, en 1959. Es profesor, gestor cultural del Ayuntamiento de Benicassin y escultor. Expuso su obra en espacios artísticos como “Casa de Vacas” en Madrid, EACC Espai D'Art Contemporani de Castelló, Ateneo de Valencia, y en escenarios internacionales como  el Archivio Artisti, Parma (Italia) en 1999, Centro Cultural de Belem (Lisboa), el Lyric Theatre Hammersmith (Londres), el Teatro Piccolo de Milan, o en el Royal Festival de Londres. Sus obras han sido seleccionadas y premiadas en diversos foros como  el Premio Bancaixa de Pintura y Escultura (1999), LVII Exposición Nacional de Artes Plásticas de Valdepeñas, I y II Mostra Biennal d'Art d'Alcoi.

Con la editorial Kalandraka ha publicado dos libros que formaron parte de los relatos que fundamentados en proyectos de trabajos con sus alumnos contó a lo largo de la sesión: el primero es Artefactes.
 

Artefactes es un libro- objeto que sorprende desde el primer momento. El texto pertenece a un relato oral contado durante 18 años en el entorno escolar, creado con la intención  de acercar al niño al libro y fomentar su capacidad de escuchar. Forma parte de un proyecto global, que incluye la edición del álbum y la producción del espectáculo “Artefactes”, de Albena Teatro.   El libro está estructurado en dos partes: la del texto y la de la imagen, con la finalidad de que el lector pueda crearse su propia visión interior mientras lee.  La ilustración de Carmen Puchol está en total consonancia con la propia narración de Artefactes. La técnica parte de la ilustración a partir de fotografía digital, con la finalidad de plantear al lector la duda sobre la veracidad de la historia  A través de la fotografía se nos plantea la duda:

 -“ ¿Será verdad?”-  y después, a través de diferentes tratamientos pictóricos sobre la foto, nos va introduciendo en otro tipo de ilustración

-“ ¿Será mentira ?”-  Sin duda, un libro diferente, especial, sorprendente, que aparece presentado dentro de la caja. En ella se incluye una serigrafía, en cuya parte posterior hay un texto (postdata) que invita al lector a reconstruir una historia tras la lectura del libro. Para ello dispone de una bola de papel insertada en la caja con fragmentos de palabras y frases.

Su otra obra, Museo del tiempo surge de un proyecto denominado Percursos , organizado por el Centro Cultural de Belem (Portugal) y cofinanciado por la Unión Europea. Es el resultado de un arduo e ilusionante proceso que se remonta al año 2002.   Los autores repiten el esquema de su última obra: “Artefactes”, editada por KALANDRAKA, que fue galardonada con el Premio Nacional de Edición 2003 por el Ministerio de Cultura. Ambas tienen un antes, un ahora y un después, al tiempo que invitan a la itinerancia en el pasado, presente y futuro.  
 

Su autor  comienza advirtiendo a los asistentes de la siguiente circunstancia: «El libro Momo jamás hubiera sido escrito si yo antes no me hubiera encontrado este reloj entre los escombros de una casa en ruinas... Los hombres grises roban el presente, el futuro que no existe a las personas. Pero son tan ambiciosos que quieren robar el pasado a los niños, sus recuerdos, sus memorias...»  José Antonio Portillo parte de un objeto clave, un reloj, a partir del cual comienza a elaborarse este complejo proyecto escolar que apuesta por homenajear la figura del escritor Michael Ende y su obra maestra literaria.  Se propone a los alumnos escoger un elemento imprescindible de su infancia; un objeto que les traiga recuerdos de un tiempo pasado que no quisieran perder jamás. “Museo del tiempo” les invita a enterrar ese objeto en un lugar de su ciudad escogido por ellos para que los ‘hombres grises’ no les roben ese fragmento de vida que quieren salvaguardar para siempre.  Estamos ante una joya literaria -envuelta en un concepto global- formada por varias piezas: el continente es una caja en cuyo interior el lector se encontrará el libro del que parte la historia; junto a él, un mapa y una serigrafía con un texto en su parte posterior que le invita a realizar el mismo ejercicio, buscando en su memoria un objeto para luego enterrarlo. Se le solicita que envíe la foto del elemento escogido con una carta en la que describa su color, textura, olor… Y finalmente una explicación del recuerdo que encierra en su memoria, así como su propio mapa del lugar donde lo depositó.  El objetivo último es cerrar la cadena, dar respuesta a la llamada de este proyecto editorial con vocación participativa y crear el “Museo del Tiempo del Mundo” a partir de una amplia colección de momentos que aporten los lectores de esta obra.   Se trata de un libro que, además de arrastrar un largo proceso de preparación y trabajo en las aulas, supuso una laboriosa tarea de diseño y producción editorial. El autor no renuncia a introducir ciertas dosis de emoción al relato dejando un final abierto a la curiosidad…  Mientras que la edición en portugués contiene una representación geográfica de Évora, “Museo del Tiempo” tiene dos versiones en castellano, con sus respectivos mapas de Alcalá de Henares y de Valencia. Los objetos de sus protagonistas ya forman parte indisoluble del paisaje urbano de ambas.  Un pañuelo protegía a Melaine de su miedo a dormir a oscuras; a Roberto le encantaba jugar con su padre a las cartas; con su primer reloj Cristina aprendió a organizarse la jornada; la foto de Primera Comunión de Miriam guarda una anécdota relacionada con los fotógrafos que captaron la escena; Guillermo pasó muchas horas jugando con su muñeco de playmobil; Youssef se trajo de su Marruecos natal las piedras del mar y los collares que le regaló su madre; y Tomás escogió una pelota y una tarjeta de felicitación que recibió de su abuelo.   También figuran los testimonios de Sandra, que elige prendas con las que practica sus deportes favoritos; Joan, Amir y Nacho se desprendieron de los juguetes que más les gustaban de pequeños; Franc guardaba una rana en un bote y Edgar una copia de una celebración familiar, mientras que Dani escoge una foto de sus mejores amigas.  Todos ellos se han fusionado a la historia de la ciudad; un territorio que el antropólogo Manuel Delgado define como espacio de identidad colectiva que, según denuncia, corre el peligro de despersonalizarse. Manuel Delgado defiende el derecho de los ciudadanos a “poetizar” la ciudad sembrándola de memoria y a convertirse en “seguidores de rastros propios y ajenos”.   

La sesión finalizó con la lectura del pequeño libro titulado J´attends que ha supuesto una de las últimas investigaciones del autor, que pone de manifiesto las emociones de los oyentes y sus análisis a los que al finalizar la lectura del texto se les pregunta “¿qué esperas de la vida?”

Bueno, queridas y queridos todos, esta fue la fructuosa mañana que pasamos ayer en el Seminario de Literatura Ana Pelegrín cuyos miembros sólo pretender seguir formándose, compartiendo y creando otra manera de hacer escuela.  
      
 
Para la creación del contenido de esta entrada se ha usado parte  del que aparece en la web de la editorial Kalandraka.

 

domingo, 5 de mayo de 2013

ENCUENTRO CON ISABEL ESCUDERO EN HOMENAJE A AGUSTÍN GARCÍA CALVO.


Isabel Escudero puso el título de nuestro encuentro y quiso ser exacta y justa y seguramente, quiso ser libre:

Paideia:
¿Pedagogía del revés?
Lo que hemos oído al Maestro.
Homenaje a Agustín García Calvo.

El 20 de abril, adentrada ya la primavera en los parques, las ciudades, las almas, las escuelas... recibimos en la Biblioteca de Acción Educativa a la poeta Isabel Escudero. Ella llegaba con boina y mariposas prendidas de los cabellos con la resaca todavía de un homenaje, de un encuentro, de un regalo cargado de amor y agradecimiento que acababa de celebrar el martes anterior en el Ateneo de Madrid, un acto fabricado por amigos que querían recordar a Agustín García Calvo; por amigos y para amigos el Ateneo estaba a reventar, no cabía un alfiler; todos los asientos ocupados y los pasillos y el escenario y... de aquel acto que se abría con la voz de Amancio Prada llegaba aún embriagada esta mujer en cuyo rostro se refleja todavía el rastro de una lindeza casi casi de niña y una sabiduría, una experiencia, casi casi de abuela.
Isabel, toda augurio, comenzó su relato con estos versos:
Cuatro amores tengo
los cuatro me los merezco.



Tuve un amor hace tiempo
se me abren los brazos cuando lo pienso.

Inmediatamente agradece la invitación y posa sus palabras sobre la autora, Ana Pelegrín, mencionando su admiración mutua. Habla de Ana Pelegrín como de una maga que devolvía al pueblo, poéticamente hablando, lo que era del pueblo, porque los poetas no son, dice Isabel, un cuerpo divino, elegido; son aquellas personas que saben quitarse de en medio para dejar, permitir, que la lengua hable. Establece, así, un símil con el agua de los ríos: esencia o sustancia, modo de pasar sin pasar que genera el canto rodado, igual que el poeta, los ciudadanos, el pueblo propicia el canto que sale de la boca. Dice Isabel que al poeta la flecha le atraviesa, pero no le pertenece, es del aire. Los y las que poéticamente han triunfado ha sido porque además de su atractivo poético, se han dejado atravesar; esto le sucedió a Ana Pelegrín y a Agustín García Calvo.
A partir de aquí Isabel comienza a reflexionar a cerca del modo de enseñar del maestro (Agustín García Calvo), casi en todo momento se refiere a él con ese nombre. La palabra "magisterio" viene del latín magistri, es decir, los que enseñaban en casa a los hijos de los romanos; normalmente eran esclavos (libertos) griegos, personas muy cultas, aunque con la palabra "magister" no se designaba al maestro de escuela, al que se conocía como "litterator", sino a aquel que alcanzaba el más alto grado de conocimiento en su campo o profesión y por ello podía dar lecciones de ello.
Nos referiremos, entonces a Agustín como el Maestro. Dice Isabel que el Maestro lo hacía todo para enseñar al que ya sabe, por ello, eran de su interés los niños, pues aseguraba que los niños, cuanto más pequeños son, más saben; son más salvajes y de ahí surgen cuestiones azarosas (con cierta conciencia previa), porque la lengua no se enseña, es el primer artificio humano, se incorpora en el niño de manera automática. Después se olvida, porque sólo aprendemos algo cuando lo aprendido se ha olvidado y se realiza nuevamente de manera automática.
A estas alturas del discurso, las maestras y maestros que escuchamos a Isabel no hemos pestañeado y nos dejamos pasear por el carromato de sus palabras. Nos ha conducido al territorio de Cernuda: Donde habite el olvido, para seguir aprendiendo.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.
(Luis Cernuda)
Y de ese país nos trasladamos al país del "enseñar". Dice Isabel que enseñar debe hacerse "como el que no quiere la cosa", pero enseñar hondo y eso sólo se consigue de manera indirecta, sin que el niño lo note. Las cosas hablan, lloran, ríen porque los humanos las percibimos a través de nuestra propia sensación de vida.
El hombre le quita la voz a todo mientras los niños quieren jugar con el lenguaje para dar vida a las cosas que le rodean y se asombran porque el lenguaje en sí y su entendimiento son algo milagroso. El lenguaje nos libera del futuro.
El maestro fundamenta su teoría en que uno (el hombre) es un caso de cosa y las cosas hablan por un lado, pero por otro lado la realidad no es lo que parece y de esa confusión surge el lenguaje como juego, juego para nombrar al mundo. El lenguaje, tiene por tanto la gracia de estar fuera y dentro de la realidad, se desdice de lo dicho y se ríe de lo dicho... ¡esta es la gracia que tienen nuestros niños! En el niño hay un reduccionismo del saber enciclopédico.
Isabel nos lleva de un pensamiento a otro con una profundidad de la que no parece consciente y con una belleza inusitada. 
Agustín, perdón, el Maestro, quería desdoblar la realidad a través del teatro ("máscara") y para eso primero hay que ser UNO, es la única manera de aprender a vivir libre dentro de un conjunto. Hoy, se va preparando al niño para que sea un ciudadano que va a la escuela, que vota, que tristemente hace lo que le dicen hasta que muere.






Lo que propone el maestro es la pedagogía del revés, aquella que lleva al maestro a la escuela a construir, no a atiborrarse de cosas que van tapando lo realmente importante; cuando un niño entra a discurrir con interés el conductor (maestro) debería anotar aquello que el niño necesita aprender; por supuesto sin ahogar su sensibilidad. Así sucede en la plástica: los niños poco a poco van perdiendo su gracia hasta que pintan lo que está mandado; los maestros debemos permitir que el niño de cada ser se mantenga mucho tiempo "vivo", al final la realidad los colocará en una realidad asimétrica, como lo es la contraposición entre: Paideia y pedagogía.
Entramos a hablar de la importancia de Antonio Machado en la vida del Maestro (Agustín). De esto comienza enunciado Isabel que el Maestro era exagerado para que lo atendieran, como decía el poeta de Sevilla:
Oscuro, oscuro para que te atiendan
y claro, claro, para que nadie te entienda.
                                                               (Antonio Machado)
La virtud magnífica del desengaño te lleva a ser un niño, a renacer, porque todos somos revivibles. La desilusión de los ideales falsos debieran generarnos alegría porque te hacen ver más claro y sentirte vivo. Isabel invita: Maestro, debes sacar la alegría de la desilusión.
Entramos a hablar de obras concretas del Maestro:
En Canciones y soliloquios hay dos géneros y no todo se puede cantar. En cursiva aparecen los soliloquios que se encuentran en el nivel de la melopea consistente en exagerar la prosodia de la lengua como por ejemplo hacen los pregoneros.
Bebela es un libro de amor. Un libro en el que con un verso llano se cantan las virtudes, maldades, perfecciones e imperfecciones del objeto amado: Bebela. En él destaca el sentimiento de imposibilidad de conocer del todo al objeto amado.
Del Ramo de romances y baladas recita Isabel la "Balada del muerto muy llorado" y termina su pequeño homenaje al maestro mencionando su texto Al burro muerto, narrando la inclinación del Maestro hacia este animal al que usa como interlocutor, así como representante del pueblo.
Y no debemos perdernos el rastro de su filosofía y de la de Isabel, la que ambos dejaron en la Puerta del Sol:


La segunda parte de nuestro encuentro con Isabel Escudero nos sirve para adentrarnos por las hendiduras de su obra poética.
La recibe una compañera del seminario entonando uno de sus romances preferidos.
Isabel Escudero, extremeña de Badajoz, nacida en Quintana de la Serena, actualmente trabaja como profesora en la Facultad de Educación de la UNED. En 1984 publica Coser y Cantar con poemas breves de inspiración popular; este interés por lo popular no la abandonará nunca en ninguna de sus obras: Razón común=Razón poética, Cancionero didáctico: Cántame y cuéntame, Cifra y aroma, El día menos pensado...
Cuenta la propia Isabel que de pequeña gustaba de esconderse para escuchar hablar a los mayores porque el tono le recordaba a una música. Pronto su padre, que era maestro, descubre el interés de Isabel por la poesía, aunque también le interesaba el teatro.
Ya de más mayor entra en el terreno de la filosofía a través de la lectura de obras como Abel Martín de Mahado.
Dice Isabel que los poemas encierran una guerra que está en la raíz misma de las cosas y todo se mezcla con la cultura dela gente de los pueblos.
Coser y cantar es un libro circular que continúa en el resto de sus libros insistiendo en las formulaciones cortas hasta llegar al gusto por la limpieza.
La culpa de que te quiera,
mitad es del relojito
y mitad de la cadena.


¿No te da pena?
Dejarme con luna llena.

El gorrión y las migajas es una obra más evocadora del haikú y Cifra y aroma evoca el concepto de la propia poesía: medida y con olor.
Es Cántame y cuéntame un libro muy importante para tener en las escuelas. No encontramos en él versos infantilizados, siempre encontramos una exactitud en lo poético. Con una estructura curiosa y seguida por Agustín García Calvo; seleccionó los versos por los que los niños se interesaban. Ilustrado con imágenes que parecen trasnparencias.
Isabel recitó textos poéticos de muchos de sus libros mientras respondía con ilusión a todas las preguntas que Federico le preguntaba y nos regaló un texto que aparecerá publicado en su próximo poemario:

SIN SABER... 

Sin saber nacen los hombres.
Sin saber llora el bebé.
Sin saber habla la boca.
Sin saber andan los pies.
Sin saber rebuzna el burro
y el sol sale sin saber.
Sin saber se mueve el aire
¡ Y yo me muero por saber!

Sin saber muge la vaca.
Sin saber responde el buey.
Sin saber pica el mosquito
y sin saber reina el rey.
Sin saber cae la noche
y amanece sin saber.
Sin saber gira la tierra,
sin saber tiembla su piel.
Sin saber sale la luna
¡Y yo me muero por saber!

Sin saber crece tu pelo
y los trigos sin saber.
Sin saber canta el jilguero
y tú cantas sin saber.
Sin saber salta la pulga
y sin saber nada el pez.
Sin saber huele la rosa
y el jazmín sin saber.
Sin saber cae la nieve
sin saber qué blanca es.
Sin saber fuiste a la escuela
y  ya eres hombre sin saber.
Sin saber te late el pulso
y el corazón sin saber.
Sin saber pasan los días
sin saber si es hoy o ayer
sin saber nacen las yerbas
¡ Y yo me muero por saber!
Sin saber giran las horas
en el reloj sin saber
y cuando llegue la mía
sin saber me moriré.
Sin saber vine a este mundo
sin saber le dejaré
y aún vivito y coleando
¡ Yo me muero por saber!
Y tras regalarnos unos cuantos ejemplares que permanecerán en la biblioteca de Acción Educativa; y tras firmar sus libros a todos los que nos acercamos, se marchó Isabel con su bonina, su risa y sus mariposas prendidas.
Yo os dejo, como no, más fotos para el recuerdo de aquella mañana.











lunes, 15 de abril de 2013

LA VIOLENCIA EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL



El tema para el que íbamos a trabajar en esta sesión del Seminario es un tema controvertido pero muy recurrente a lo largo de toda la literatura.
Violencia viene del latín violentia con el significado de "fuerza" por su prefijo "vis" y con un sentido de continuidad que le viene aportado por el significado de "lentitud", asignado por el adjetivo "lentus", así: "el que continuamente usa la fuerza".
Según Thomas Hobbes el hombre es por naturaleza un ser violento debido a una serie de compuestos que se albergan en el cerebro humano, asi como: la testosterona, la dopamina y la adrenalina; hoy en el siglo XXI aún sigue siendo discutible que el hombre sea de naturaleza agresiva pero lo que es cierto es que ha sido representado así desde los orígenes de la literatura.
Escogimos para trabajar, releer y divagar tres obras muy importantes en la literatura infantil y juvenil: Pelo de zanahoria de Jules Renar, La composición de Antonio Skàrmeta y Donde viven los monstruos de Sendak.

Jules Renard es un autor francés de finales del siglo XIX que como otros franceses hace una profunda reflexión sobre la infancia. Rousseau, Freinet y otros autores de la época presentan en su concepción de la infancia a un niño nuevo; el niño deja de ser un hombre pequeño que sólo tiene que repetir y pasa a convertirse en un ser integrado en la naturaleza.


Pelo de Zanahoria aparece en 1893 y trata de manera abierta el tema de la crueldad. Tiene su referente en las novelas de Balzaç; con un estilo contemporáneo, fragmentario y sintético, plagado de imágenes poéticas.
El mismo autor había publicado en 1890 su Diario escrito en forma de adagios, es decir, pensamientos en la línea de la literatura de Baudelaire, imágenes descargadas en forma de pensamientos.
Esas imágenes se conocen con el nombre de cohetes. Algunos de ellos son.:
- El crítico es un botánico, el poeta un jardinero.
- Pensar es buscar claros en el bosque.
-Pon un poco de luna en lo que escribes.
- Yo me labro con mi pluma.
- Poeta: has sido creado para ser la conciencia de lo que no tiene conciencia.
- Espero una rima que no llega nunca.
- Allí arriba una alondra se posa en un rayo de sol.
- El pájaro, ese fruto nómada del árbol.
- La noche caía, yo me agaché para recogerla.
Cuesta entender que alguien que puede sintetizar la belleza en tan pocas palabras, sea capaz de escribir un relato tan estremecedor como el del niño protagonista en Pelo de zanahoria, pero es verdad que esta conciencia era y es importante. Tomar conciencia de la desigualdad en la que viven los marginados en la infancia; tomar conciencia de esta injusticia, reflexionar sobre ella para cambiarla.
Ya desde el propio título se atisba la curiosidad del personajes, un personaje que carece de nombre, es llamado pelo de zanahoria porque es pelirojo. Es un ser al margen, doblemente marginado por su aspecto físico y por su condición de niño. En la época se consideraba de los pelirojos que eran hijos del diablo, niños que tenían y transmitían la mala suerte, niños sometidos a sospecha.
Rápidamente aparece el tema del miedo como motor de la historia, aunque nos planteamos si acaso no es el miedo el único motor de todo el arte. El miedo a ser mortal y se escoge el arte como única forma anímica para poder sobrevivir.
En esta reflexión nos perdemos y nos reencntramos en el conocido poema de León Felipe: "Sé todos lo9s cuentos"
 
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

El estilo literario del libro es novedoso pues hay en él una mezcla o recorrido literario por todos los géneros: el teatro, la narración, la epístola...
Por otro lado es un libro que destierra el mito de que el niño es feliz. Llama rápidamente la atención la ausencia del padre, pero no es una ausencia real, de hecho el padre está ahí pero no cumple con su papel de protector de la infancia, sino que es la sirvienta, como sucede en otros cuentos de carácter más popular quien a través del sentimiento de la piedad o la lástima la que se atreve a mirar  y a cuidar del niño.
Otro tema importante es el de la crueldad de los niños, la crueldad en el protagonista, pero también en el comportamiento de sus hermanos y de los otros niños que teminan tratándolo como una bestia. Poco a poco la práctica de la crueldad en pelo de zanahoria lo va poco a poco humanizando.
Nos detenemos en el capítulo "Las mejillas rojas" que habla de la educación sexual, haciendo una denuncia al asunto de la pederastia de la época muy ligada a los lugares escolares y por tanto religiosos.
Observamos en toda la novela un gran interés por la imaginación pero sometida al conocimiento.
Abordamos después el álbum ilustrado, publicado en SM La composición, de Antonio Skármeta


El referente de este autor y de la obra es Julio Cortázar. El texto fue escrito en Alemani y publicado en El cultural de Le Monde en 1979. Anteriormente se había publicado Campos verdes, campos grises de Ursula Wolfel, autora que escribe siempre sobre personajes que son niños maltratados.
En este caso se aborda el tema de la violencia desde el enfoque del adulto que en comunidad y por motivaciones de poder político se aprovecha de la inocencia de la infancia que se ve envuelta en la trama del dictador Pinochet quien envía a sus emisarios militares a las escuelas para extraer información de lo que las familias hacen por las noches en sus casas.
Vemos al niño obligado a crecer deprisa, a ser consciente de lo que no debe ser consciente por la necesidad de alejar a sus padres del peligro de las cárceles, de la vilencia, de la muerte.


Finalmente, terminamos haciendo breves apuntes de la lectura del clásico de Sendak Donde viven los monstruos.
Esta obra se nos antoja como el Picasso de la literatura infantil. Lo más importante del libro es su diseño que lleva a través de las imágenes al niño a la adición del miedo con una situación que aparentemente es normal pero que se produce en mitad de la noche y a medida que el niño se rebela, la realidad crece y por tanto también la sensación de miedo.
Se produce en un bosque, un bosque crece en la habitación de Max porque el bosque es el lugar en el que yo puedo extraviarme, el lugar en el que el niño puede perderse.
Nos deleitamos escuchando a Federico contar el cuento...
Una vez más hemos reflexionado, en este caso nos hemos acercado de manera paulatina a la cumbre del susto y por supuesto, hemos disfrutado y aprendido mucho los unos, las unas, de los otros, las otras.
 

domingo, 3 de febrero de 2013

ENCUENTRO CON EL AUTOR IGNACIO SANZ

Obras de Ignacio Sanz



Me urge, me urge escribir. ¡Son tantas las cosas que aprendimos ayer con Ignacio que no quiero olvidarlas! Ignacio deja el buen sabor de boca que dejan los seres humanos creíbles, los que son de verdad, los que dan de beber a los otros sus conocimientos, sus experiencias, sus vivencias sin esperar nada a cambio. No le da vergüenza emocionarse, como a los verdaderos poetas, pues es consciente de que el artista ha sido depositado en el mundo para proporcionar a los demás la posibilidad de salir del mismo. Escribir, leer, pintar, ver una buena película para ausentarte de lo que vivimos en el mundo diariamente. No hay ornamento, no hay pose, no hay nada en este autor que no sea verdad. Sólo humildad.
Y tras un brindis se marchaba emocionado a comer cocido con todos los miembros del Seminario porque entiende Ignacio que no hay nada más emocionante que el hecho de que un autor reciba la devolución de sus lectores en forma de afecto y cariño.
Ignacio Sanz, nacido en Lastras de Cuéllar, un pequeño pueblo de Segovia comienza su diálogo con el grupo diciéndonos que "cada uno de nosotros somos el niño que fuimos", como decía Luis Landero, al que nombra en numerosas ocasiones, tratamos de superar lo que hemos dejado atrás.  Y es verdad que el regreso a la infancia es algo universal. Comienza Ignacio hablando de su abuela a la que atribuye el don de la palabra y el don del sentido común. Dice el autor que era una catedrática que nunca pisó la universidad: "Igual me sacaba el sol de la cabeza con un vaso de agua, que me contaba un cuento, una retahíla o un chascarrillo" Le contaba la vida recurriendo constantemente a la tradición y eso para Ignacio fue determinante, la suerte de tener una abuela prodigiosa.
En su casa de la infancia no había libros pero nos recuerda su relación con D. Leoncio, un funcionario poliglota que hablaba ¡tres lenguas! y tenía la casa llena de libros.
Ignacio estudió Sociología aunque en el Instituto ya sentía devoción por la literatura, pero precisamente fueron los profesores de literatura, empeñados en hacer crecer árboles sintácticos y morfológicos en el cerebro de los niños, quienes le hicieron decantarse por estudios diferentes a los de la Literatura. Cuenta Ignacio cómo su profesora de literatura le preguntaba a él que quién era ese Miguel Hernández. Estudiaba en el nocturno porque trabajaba de botones y sólo con 14 años se cruzaba todo Madrid en Metro a las 11 de la noche (los niños de esa época éramos auténticos héroes)
Necesitaba salir de Segovia para poder volver...
Federico le introduce un nuevo tema: Te haces ceramista, oficio de mujeres desde el Neolítico... Ignacio cuenta que su pueblo era un pueblo de alfareros y aunque ya tenía trabajo en una Empresa de Seguros, pues en plan romántico, por ligarse a algo que tuviera relación con su pueblo, se apuntó a clases de torno.
Nos cuenta que la alfarería es un oficio extraordinario porque se hace con las manos, casi siempre en primavera y en verano, esto le permitía pasarse inviernos y otoños escribiendo, encerrado en la casa de su abuela.


Sus libros de viajes le llevan a narrarnos la vida de su amigo Abelino Hernández, un soriano con quien recorrió muchos rincones del país en bicicleta; de aqueí surgen obras como: Castilla de pie, Crónicas del Poniente castellano, Las hoces del Duratón... En este último viaje a las Hoces se le apareció la figura de San Frutos. San Frutos, en la cultura segoviana (25 de octubre) era el nombre del santo celebrado de una manera peculiar: los segovianos se iban a cazar pájaros con liga, algo que a Ignacio le pareció horrible, pero que le dio para poder escribir los Siete milagros que salvan siempre a los pájaros.
El último relato de sus fascinaciones geográficas tiene relación con el río Queiles que tiene 44 kilómetros y nace en la provincia de Soria a los pies del Moncayo; nace de un torrente que surge de la tierra y se desploma luego lentamente, pasa por dos ciudades episcopales que no tienen gobernadores civiles, como decía el gran Antonio Pereira. Es el río más hortelano de España pues a su derecha e izquierda sólo tiene huertas. En esta experiencia se cruzó con dos personajes excepcionales: Sor Mónica, una monja que tenía doble vida y Lucio Urtubia, un anarquista que a punto estuvo de hundir Citibank con la creación de una plancha de cheques que repartía ente gentes pobres...
Hacemos un pequeño descanso asistiendo al relato de "El cuento de la tía Miseria" que Federico escuchara de su boca hace años acompañado de Rodríguez Almodóvar y Agustín García Calvo.
Entramos en una nueva etapa en la vida de Ignacio, que es la de los martes literarios en Segovia


Esta tertulia a la que cada martes asistía un autor distintos acaba de ser clausurada, como tantas cosas que se cierran, recortan, desaparecen, se esfuman en estos tiempos de mafia, miedo, miseria y rechazo hacia el mundo de la cultura. La comenzó Joaquín Díaz y la ha terminado Amancio Prada.
Asistían a ella narradores, algunos poetas, cineastas, novelistas.
Recuerda con gran afecto el paso de Antonio Gamoneda, al gran cuentista Antonio Pereira, al novelista Luis Landero, al narrador Quico Cadaval...

En la segunda parte de la sesión nos habla de su libro Una vaca, dos niños y trescientos ruiseñores, premio de novel Ala Delta del 2010. Ignacio nos cuenta, generoso, que esa historia se la escuchó en Cambrils al poeta del Bierzo Juan Carlos Mestre conocedor de tal anécdota porque su vida ha estado muy ligada a Chile, país de nacimiento de Vicente Huidobro, poeta de las vanguardias de quien trata la historia de este libro. La anécdota es de un belleza y una extravagancia inauditas.
Vicente Huidobro viaja a España en un barco portando en él una vaca para que sus hijos no extrañaran en el país extranjero el sabor de la leche que estaban acostumbrados a tomar. En Mallorca, el poeta queda preso del novedoso canto de los ruiseñores, novedoso a sus oídos y tan mágico y embaucador le parece que decide llevar a los ruiseñores a su país. El ruiseñor, ave insectívora que sólo se alimenta de moscas y mosquitos no conseguirá cruzar el frío Estrecho de Magallanes para llegar a Chile. 
¿Cómo iban a soportar unos pájaros encargados de anunciar la primavera tan bajas temperaturas?
Vicente Huidobro, presa de los furores poéticos que le asaltan en el barco, para escribir su Altazor, hará responsables a sus dos hijos del cuidado de los ruiseñores en tan largo trayecto. Ellos narran a los lectores la peripecia en forma de diario infantil.
Ignacio reconoce que rescató de esta historia todo lo que se le antojó y que de ella eliminó todo lo que le estorbaba: en lugar de 600 ruiseñores él se quedó con 300, en lugar de dejar la vaca en Mallorca, como hiciera Huidobro en realidad, él la trajo de vuelta a Chile en el barco, etc, etc.
A lo largo de esta pequeña historia y también el El domador de palabras Ignacio Sanz emplea el género epistolar por el que se siente muy atraído.
Ignacio Sanz acaba de recibir ( y es ya la segunda) el Premio Ala Delta, ahora en 2012 por su obra El hombre que abrazaba a los árboles y que será próximamente editado por Edelvives, seguro, seguro que será una historia genial.
Quisimos hacerle un regalo a Ignacio en forma de recital con versos de Huidobro, entre ellos estos de su Altazor que a mí se me quedaron guardados en el cajón indómito de la memoria.

Y se cambian día y noche          
Ojo por ojo.
Ojo por ojo como hostia por hostia
Ojo árbol
Ojo pájaro
Ojo río         
Ojo montaña
Ojo mar
Ojo tierra
Ojo luna
Ojo cielo          
Ojo silencio
Ojo soledad por ojo ausencia
Ojo dolor por ojo risa.









Y terminamos nuestro encuentro a golpe y galope de brindis: ¡salud, Ignacio! ¡Salud a todos!