lunes, 7 de julio de 2014

LA HERENCIA DE LAS VANGUARDIAS EN LA POESÍA CONTEMPORÁNEA





 
EN LUGAR DE UN PRÓLOGO
En los terribles años de Yezhov hice cola
Durante siete meses delante de las cárceles de Leningrado.
Una vez alguien me reconoció. Entonces
Una mujer que estaba detrás de mí, con los labios
Azulados, que naturalmente nunca había oído mi nombre,
Despertó del entumecimiento que era habitual en todas nosotras
Y me susurró al oído (allí hablábamos todas en voz baja):
-¿Y usted puede describir esto?
Y yo dije:
- Puedo.
Entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez había sido su rostro.

                                                                                                  (Anna Ajmátova, Réquiem)

 
Si hay una poesía que aún sigue comprometida con el mundo esa es la poesía que heredó sus compases de la poesía de vanguardia. Con un ojo puesto en Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire, Verlaine, Maiakowski, Anna Ajmátova ,Marina Tsvetáieva, entre otras y otros y el otro ojo puesto en la calle, en las escuelas, en los desheredados, sobre aquellos que agotaron los peldaños para ascender al cielo, pero pueblan el cielo de luz.

Hay hoy una poesía que entona su lira más allá de los sueños y que implora a la fervorosa lluvia. A una lluvia límpida que lave la cara a la suciedad que habita en los bancos, en el desahucio, en el dinero, en los escaños, en los hospitales insalubres, en las escuelas vacías de Cossío, de Ortega, de Machado.

Es la música de ANTONIO GAMONEDA que abre el cielo a los cántaros que evocan a Pablo Guerrero, que entonan el agua de Cernuda trasladando sus bártulos por las escuelas itinerantes como misión pedagógica: Ha de llover suavemente sobre las niñas que abortan en octubre (…)/ Ha de llover/ en mis venas y en mi agonía. Se sabe/ que los agonizantes son felices/ rodeados de llanto (…) Agua para los Borbones/ y para los mendigos y las mujeres rojas/ que gritaban los gritos amarillos / de mil novecientos treinta y seis.

Hay una poesía de hoy que esconde el conocimiento en forma de mar, la poesía de RAFAEL PÉREZ ESTRADA, el malagueño que fue tendencia, que fue generación Me preguntó el muchacho con los ojos llenos de atardecer:  -¿Cuándo yo muera se parará el mar? Y preferí no desilusionarlo. He aquí la poesía del compromiso, del compromiso de antes y de mañana.

Hay una poesía que ha caído en desgracia. Hay un hombre que en forma de enigma entra en la casa de las putas y allí se tropieza con Rimbaud, carcomido como una canoa y con la lengua blanca(…) / con la pata atada como una gallina y la cabeza desnuda. Un hombre, un poeta que es un hombre, JUAN CARLOS MESTRE. Un acróbata que pintaba arcoíris en Concepción, en plena dictadura de Pinochet. Un hombre que es poeta y esconde papelitos en el paladar para divulgar los poemas de la encarcelada Arinda Ojeda. Un poeta del compromiso, del compromiso con el mundo, con la tribu: Los poetas, las putas, los mendigos, los que conoce el mester del alba y saben cosas inútiles que salvan, la línea del abismo, el gesto, las rayas de la mano. Caridad y sabiduría, una misma limosna, un mismo dedal lleno de arañas.

Hay una poesía que es Canto que es también Ucronía, la poesía de MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ SANJUÁN. Herencia de Aleixandre y tan contemporánea que está fuera del mundo. Vanguardia de la vanguardia, Planeta que ha perdido su órbita. Es una poesía que halla su compromiso con los propios lexemas, en la raíz del significado evocando el [infinito] Todo se resume en un sueño infinito: eterno ojo perdido: incompletas páginas que no pudieron dormir: ausentes & oscuras lluvias: chozas al abrigo del hambre: ecos de la palabra ~amor~ intentando pronunciar la palabra ~noche~

Hay una poesía en Relativo que escala más allá de los perfiles del aire y anida su poso casi en el anonimato y es tímida de tanta belleza: Que el mundo es imposible. Que las calles no pueden cabernos en el pecho. Es el verso de GUADALUPE GRANDE, es el eco de las aceras, el timbre de los telefonillos de los portales para convocar al compromiso en forma de nadadora estilo braza. Que nada cabe en el hueco que le está destinado y así nos van las cosas. Que las hojas de los árboles siguen cayendo y el mar sigue diciendo una palabra que no podemos descifrar: una palabra en movimiento…

Hay una poesía de hoy que pudo ser ayer pero es sobre todas las cosas una poesía de verdad. Bebe su sal de la vanguardia porque sigue siendo vanguardia en mitad del formalísimo caos de nuestra sociedad actual. Seguirá siendo vanguardia porque es la única poesía que atiende al sentido mismo de la lírica: no hay nada que entender, la poesía es un lenguaje rebelde, ajeno a la norma. El callejón del escondite de los marginados. La habitación sin aristas de la emoción.

                                                                                                                             (Raquel Ramírez de Arellano)